domingo, 13 de octubre de 2013

Asemejo a la vida con una montaña rusa. Pero jamás imaginé que los descensos podían ser tan profundos y extensos.
¿No me puedo retirar, señor? Olvidar todo, desaparecer tan rápido como un segundo.
Viví este sábado a la espera de que algo suceda. A la espera de que alguien me preguntara honestamente cómo estoy. No sucedió absolutamente nada.
Sólo pensé mucho. Me di cuenta de distintas cosas: Una de ellas es que últimamente no puedo compartir muchas de las cosas que me pasan o siento con mi mamá. Y con mi papá, menos, si apenas lo estoy viendo. También caí en que me ronda una sensación de soledad.
Aún rodeada de gente, sólo estamos mi cabecita y yo. Sé que así será para siempre. Y mi cabecita es pesada.

Ya es 13 de octubre.
Si me cantás, no puedo escucharte. Y extendés el brazo hacia mí, pero no puedo notarlo. Y si me estás hablando justo ahora, no distingo tus palabras.
¿Por qué?

Las mierdas que siento me las merezco. Yo misma las generé. Perdón.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Piuuuuuuuuuuum. Plash. Plum. Saracatunga.
Exploté.