Es bastante curioso cómo funcionan las relaciones en el planeta Tierra. Uno nunca sabe qué rumbo van a tomar, y casi parece que se guían solas. Pero no. Lo extraño es que nosotros las conducimos, aún cuando dependen de otro también.
Sentá a dos personas, en distintos lugares, a hablar sobre la relación que tienen entre sí, es decir, a hablar sobre lo mismo. Dos miradas completamente subjetivas y distintas, por supuesto, con sus semejanzas - o no -, pero aún así, puntos de vista diferentes.
Me gustaría saber qué piensa la gente sobre mi vínculo con ellos. Para mí, hoy todo está podrido, pero para el resto capaz que no - o sí -, y nunca lo voy a saber, sea como fuere.
Es horrible empezar a escribir algo y ver cómo a medida que van surgiendo palabras, pierden el sentido. Todo el hilo conductor de tu pensamiento está roto, y dejás de plasmarlo en oraciones. Sólo tiene significado en tu cabeza. O ni siquiera lo tiene ahí.
Pensar qué estará pensando el otro. Pensar sobre un pensamiento. Pensar sobre lo que el otro piensa que vos pensás. Todas suposiciones. Todo figurativo y nada real ni concreto.
Así tal cual creo que son las relaciones, todo producto de nuestros pensamientos y nuestra imaginación. Así las construimos y conducimos. Por eso tenemos miradas tan distintas, por eso para unos se pudren y para otros florecen.
Todo está en la cabeza. El mundo entero en un cerebro.
Por eso yo hoy podría terminar todo.
Total, sólo existe acá, en mi mente.
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