Cada vez que me ponía mal, pensaba: es el pasado, torturándome la cabeza. Son los lugares de los cuales no puedo salir, las personas que me siguen dando vueltas.
Leía un comentario, veía una foto, escuchaba a alguien cantando un tema y pensaba: la yuta madre, el pasado, tengo que huir, tengo que salir, tengo que correr.
En estos días ella me comprobó lo que hace verdaderamente alguien que no puede salir del pasado: lo busca, lo trae, le hincha las pelotas al pasado para que le dé bola, para que vuelva. No respeta. No se ubica en su presente. Hace todo lo posible para que ese pasado sea parte de su vida.
En ese instante me di cuenta que crecí. Por un mensaje tuyo, Adela. Por la historia que construís y de la que no podés escaparte. La historia que te persigue a vos y por eso perseguís. Me hiciste dar cuenta que mis angustias son los problemas del presente. Que sí, puede haber cosas no resueltas. Seguro. Pero fundamentalmente me aterran, preocupan, y movilizan mis problemas de hoy, mi vida de hoy. El día a día.
Adela, esto es lo único que te debo.
Hacete caso: no le des patadas a los locos.
Gracias.
Gracias.
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